“Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va…”, Así reza la canción, y tiene más razón que un santo, y si ese amigo es un familiar amado, la pena se convierte en dolor, un dolor que te oprime el pecho. Cada vez que veía a otro familiar llorar su pérdida más me hundía en mi tristeza y en el dolor.
Ninguna muerte es sin dolor, ninguna muerte es sin desesperación. Aunque la muerte esté anunciada, aunque esperes que suceda de un momento a otro. Y cuando sucede, la depresión y la tristeza se adueña de ti. No te cansas de ver su cuerpo en el velatorio, no te cansas de llorarle, no te pesa su ataúd al portarle, no sientes la lluvia al enterrarle, nada de eso importa ya, cuando ves a tu ser amado por última vez.
A algunas personas esta pérdida les hace escribir, y escriben cosas hermosas, para muestra los poemas de Manrique, pero a mi no, a mi me produce un vacío, tan grande como ha dejado en mi corazón, y tan húmedo como el de todas esas lagrimas negras que he llorado por su pérdida.
Allí donde estés, te seguiré amando… ahora, que alguien cante por su alma…
viernes, 27 de noviembre de 2009
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