
Estos días atrás, estaba en mi casa sentado en el sofá con mi princesa…y mi madre, viendo uno de esos cómicos que hacen monólogos por la tele, y riéndome a carcajadas, vi, en una de esas veces que enfocan al público mientras se destornillan de risa, a una de mis princesas del pasado. No pude evitar recordar los días pasados con ella. Era delgada, morena, unos ojos penetrantes y nombre bíblico.
Corría el año…no me acuerdo, lo que si me acuerdo es que estaba en una fiesta de cumpleaños, en medio de un botellón y con un mini de kalimotxo en la mano. Ella era amiga de mi amigo, el que celebraba el cumpleaños, a decir verdad, ese año nos juntamos un grupo bastante grande. Yo conocía a casi todo el mundo, pero aquella linda muchacha de nombre bíblico no. Esa misma noche estaba liándome con ella. Sus labios estaban sobre los mios y nuestros cuerpos unidos en un eterno abrazo. Yo, la verdad, estaba en una época que no quería estar con nadie, acababa de salir de una relación, y no me apetecía estar con nadie. Ella solo quería pasárselo bien aquella noche, pero al final una noche se convirtió en dos, y dos en tres y tres en varios meses y meses en años, en concreto dos. Dos años muy dispares, en los que había ratos que nos queríamos y otros en la que no podíamos vernos. Dos años en los que rompimos unas tantas veces y volvimos otras tantas. Dos años en las que aprendí y enseñe cosas, cosas maravillosas, cosas que nunca olvidaré.
Lo que más me gustaba de la relación que tenía con esa chica, era que pese a todos los baches que pasamos seguíamos siendo amigos. Incluso cuando no estábamos juntos, cuando alguno de los dos teníamos pareja, seguíamos siendo muy buenos amigos. Hasta que ella se puso celosa de otra de mis princesas y dejamos de vernos, aunque, personalmente, a día de hoy, me hubiera gustado mantener el contacto, aunque intentara que dejara a mi adorado spiderman…jeje..

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