
Nos despedimos con un beso de esos que hacen que los calcetines se bajen y que la libido suba y se ponga cien por hora. Con tristeza te veo entrar en el portal mientras me dices adiós con la palma de la mano, y yo como un tonto, deseando la llegada de un nuevo día para poder sentir nuevamente tus suaves manos sobre mi pelo. Y mientras me hundo en mis deseos te veo desaparecer por el ascensor. Meto primera, quito el freno de mano y los warning y me dispongo a iniciar el largo y tedioso camino a casa, mientras por la radio, sabiendo de mi tristeza, suena una balada, “Al otro lado del silencio” de Ángeles del infierno.
Bajo por su calle, giro a la derecha y en un abrir y cerrar de ojos me meto de lleno en el tráfico incontrolado de Madrid, estoy en la calle Alcalá. Algo triste y oscuras hasta que llego a Ventas, con la plaza de toros y sus tres banderas hondeando que parecen que me saludan en todo lo alto. En ese punto la calle se ilumina y los comercios tristes y solitarios se convierten en luminosos reclamos. En un semáforo, con la cara roja de enfado, me obliga apararme, soy el primero, y la cara de Goya que está en su pedestal subido me mira con cara de ira, cuando dos muchachas con minifaldas y escotes pasando por el paso de peatones y mi mirada con ellas. La luz verde me indica que puedo seguir mi marcha, y así cada vez más cerca me encuentro con el muro árboles encerrados entre las verjas metálicas que componen el parque del retiro. Paso por el sin pena ni gloria, y me encuentro con la monstruosa forma de la Puerta de Alcalá. Esta iluminada y parece que me da la bienvenida al centro de Madrid, El Madrid luminoso, lleno de gente, lleno de coches, lleno de vida. Y la primera vida que me encuentro, es la diosa Cibeles, orgullosa y dominante en su carro tirado por leones, esperando que la rindan pleitesía, cosa que parece hacer el ángel situado a lo alto del edificio Metrópolis. En ese punto giro a la derecha para meterme en la vorágine de la Gran Vía, siempre llena de gente, gente interesante por todos lados esperando que sus pasos le lleven a una nueva aventura por las calles de la capital. Por mi paso por Callao no puedo evitar ver el luminoso de Schweppes y a mi mente viene la escena de Santiago Segura queriendo saltar para “volar como los ángeles” en la película “el día de la bestia”. Sigo mi camino rodeado por grandes carteles de neón anunciando los musicales de moda, con luces parpadeantes y llamativas. Al frente me espera la Plaza de España con su Quijote y Sancho Panza y Cervantes indicándome que debo girar a la izquierda para seguir mi camino, por la Cuesta de Sanvicente, mas oscura, como queriendo ocultar al Palacio Real. Y si la Puerta de Alcalá me diera la bienvenida, la Puerta de Príncipe Pío me da la despedida de la cuidad mientras me meto bajo el suelo de la capital por la M30, pierdo la sintonía de la radio justo cuando Angus estaba realizando el solo de “TNT” para salir por el Paseo de Extremadura para descubrir que los Reincidentes se preguntas “¿por que habrá tantas mujeres pendientes del culebrón?”.Y que el radar del paseo de extremadura me despierte, y llegar a mi barrio, y buscar aparcamiento, y llegar a mi casa y llamarte, y por fin escuchar tu voz que me dices “¿diga?” y yo contestarte “te amo”.
Y aún hay gente que no entiende por que no voy a mi casa por la M40, me niego a perderme la magia que me ofrece Madrid.
Bajo por su calle, giro a la derecha y en un abrir y cerrar de ojos me meto de lleno en el tráfico incontrolado de Madrid, estoy en la calle Alcalá. Algo triste y oscuras hasta que llego a Ventas, con la plaza de toros y sus tres banderas hondeando que parecen que me saludan en todo lo alto. En ese punto la calle se ilumina y los comercios tristes y solitarios se convierten en luminosos reclamos. En un semáforo, con la cara roja de enfado, me obliga apararme, soy el primero, y la cara de Goya que está en su pedestal subido me mira con cara de ira, cuando dos muchachas con minifaldas y escotes pasando por el paso de peatones y mi mirada con ellas. La luz verde me indica que puedo seguir mi marcha, y así cada vez más cerca me encuentro con el muro árboles encerrados entre las verjas metálicas que componen el parque del retiro. Paso por el sin pena ni gloria, y me encuentro con la monstruosa forma de la Puerta de Alcalá. Esta iluminada y parece que me da la bienvenida al centro de Madrid, El Madrid luminoso, lleno de gente, lleno de coches, lleno de vida. Y la primera vida que me encuentro, es la diosa Cibeles, orgullosa y dominante en su carro tirado por leones, esperando que la rindan pleitesía, cosa que parece hacer el ángel situado a lo alto del edificio Metrópolis. En ese punto giro a la derecha para meterme en la vorágine de la Gran Vía, siempre llena de gente, gente interesante por todos lados esperando que sus pasos le lleven a una nueva aventura por las calles de la capital. Por mi paso por Callao no puedo evitar ver el luminoso de Schweppes y a mi mente viene la escena de Santiago Segura queriendo saltar para “volar como los ángeles” en la película “el día de la bestia”. Sigo mi camino rodeado por grandes carteles de neón anunciando los musicales de moda, con luces parpadeantes y llamativas. Al frente me espera la Plaza de España con su Quijote y Sancho Panza y Cervantes indicándome que debo girar a la izquierda para seguir mi camino, por la Cuesta de Sanvicente, mas oscura, como queriendo ocultar al Palacio Real. Y si la Puerta de Alcalá me diera la bienvenida, la Puerta de Príncipe Pío me da la despedida de la cuidad mientras me meto bajo el suelo de la capital por la M30, pierdo la sintonía de la radio justo cuando Angus estaba realizando el solo de “TNT” para salir por el Paseo de Extremadura para descubrir que los Reincidentes se preguntas “¿por que habrá tantas mujeres pendientes del culebrón?”.Y que el radar del paseo de extremadura me despierte, y llegar a mi barrio, y buscar aparcamiento, y llegar a mi casa y llamarte, y por fin escuchar tu voz que me dices “¿diga?” y yo contestarte “te amo”.
Y aún hay gente que no entiende por que no voy a mi casa por la M40, me niego a perderme la magia que me ofrece Madrid.

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